martes, 7 de junio de 2011

Instructivo para levantarse al baño de noche.


         Generalmente sucede, que cuando más sumidos en el sueño nos encontramos, nos despierta de manera abrupta el deseo incisivo y poco tolerable de ir al baño, puede suceder que al tener tanto sueño y al no querer levantarnos, nos quedemos acostados, durmiendo a cortos periodos, o bien nos despertemos por la mañana en una cama húmeda, por lo cual es recomendable levantarnos al baño. Ejercicio sumamente difícil teniendo en cuenta cuando esto sucede nos encontramos más dormidos que despiertos y añadiendo a esto el hecho de que la casa suele estar completamente a oscuras, suponiendo que el baño no se encuentra en el mismo cuarto, lo que facilitaría las cosas, sino que de manera casi demoníaca, el baño se encuentra al otro extremo de la casa, podemos seguir  unos pasos que nos hagan más fácil la complicada empresa.
Primero intentemos levantarnos, y antes de echar a andar a tonta y siniestra, tratemos de recordar donde se encuentran todas las cosas en la casa, para hacer esto se recomienda  concentrarse en recordar la casa y dejar de soñar con que su actor o actriz favorito al fin les corresponde, para esto de dejar de soñar sería más eficaz ir al baño a echarse agua en el rostro, pero es justamente al baño a donde queremos llegar.
Ya teniendo en mente la ubicación de los cuartos y muebles que atravesaremos en el trayecto, podemos andar, recordemos que la puerta está cerrada y que una decena de frentazos nos ayudará muy poco para abrirla. Franqueado este obstáculo, podemos caminar por el pasillo y abrir la puerta del baño, teniendo cuidado de no errar la puerta e intentar abrir la de la recamara de nuestros padres, ya dentro del baño intentemos recordar donde dejamos el interruptor del foco y encendámoslo, luego procedamos a hacer nuestro cometido, intentando no quedarnos dormidos en el acto o no confundir el escusado con el cesto de los papeles sucios. Ya terminado “el asunto” podemos vernos en el espejo o no, beber agua o no, refrescarnos el rostro o no, pero ya estando más despiertos y cayendo en cuenta que son las tres de la mañana y todo está oscuro, mientras recordamos la escena más terrorífica de la película que más nos asuste, abramos serenamente la puerta del baño, y olvidando toda precaución anterior echemos a correr al cuarto, golpeando muebles en el camino y dando con el dedo meñique del pie contra la pata de algún mueble. Ya habiendo brincado a la cama y habernos tapado absolutamente con la cobija intentemos dormir sin asustarnos del menor ruido, para hacerlo basta con suplantar el recuerdo terrorífico, y volver a pensar que su actor o actriz favorito al fin les corresponde.

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