Entrevista de Arturo Grijalva a Gabriel Villaurrutia, “El cazador de brujas”.
Hace unos días sorprendió la noticia del asesinato de una mujer llamada Mirabel Garro a manos de su propio marido, Gabriel Villaurrutia, la causa del asesinato fue que el hombre creía que su mujer era una bruja. Tras muchos esfuerzos, un servidor logró que se le permita entrevistar al asesino, Gabriel Villaurrutia, de 36 años de edad, o como ha sido conocido últimamente por la gente de la ciudad; “El cazador de brujas” trabajaba en una tienda donde se vendían artículos de cacería en la cual tenía trabajando quince años, sus padres fallecieron hace siete años en un accidente de automóvil y tenía ya dos años de casado.
Eran las diez de la mañana del lunes 18 de abril cuando entré en la prisión, el aire frío de invierno no lo sentía; me encontraba emocionado y nervioso por la oportunidad que se me presentaba de entrevistar a un asesino, después de cruzar un largo corredor que no tenía ninguna maceta o mueble que lo hiciera ver acogedor, llegamos a la sala donde vería al Señor Villaurrutia. Este ya se encontraba sentado a la mesa, con las manos y pies esposados, y custodiado dos guardias de la prisión a unos metros de nosotros. Al verlo, la primera impresión que me causo fue la de una persona común y corriente, de estatura promedio, de complexión delgada, con un rostro muy común; por la expresión de su rostro, no parecía asustado, nervioso o enojado, muy por el contrario, parecía que en vez de estar dentro de una prisión hubiera estado sentado en la playa tomándose una piña colada. En la universidad tuve la oportunidad de tomar un curso de psicología y unos días antes de la entrevista pude hablar con el psicólogo al que el Estado designó para revisar al Señor Villaurutia, no pudo decirme gran cosa, en parte, por la prohibición del estado de soltar prenda a los medios de comunicación, y porque apenas había visto un par de veces al susodicho, no obstante me comentó que posiblemente el tipo estuviera loco.
Al sentarme frente a la mesa, lo primero que hice fue sacar la grabadora y presentarme ante él, me saludó con un firme apretón de mano y nos miramos unos largos segundos sin que ninguno de los dos nos animáramos a decir una palabra, tras toser un poco abrí la boca para hablar, pero el inició con la charla y la entrevista dio inicio.
Gabriel Villaurrutia: Por favor, sí ya sabe quién soy, a que me dedicaba y todas esas cosas, no me las pregunte de nuevo, sería una pérdida de tiempo.
Arturo Grijalva: Bien, entonces me saltaré esa parte de la entrevista y procederé con otras preguntas…
GV: Será menos aburrido… Disculpe mi comportamiento, no suelo ser así, es que me desespera este lugar, no platicó con nadie sabe.
AG: Me imagino. ¿Cómo lo tratan aquí?
GV: Como se supone que traten a uno en una prisión, ¿sabe?.
AG: Usted está aquí por asesinar a una mujer, la cual era su esposa. ¿Cierto?
GV: Sí, estoy aquí porque maté a mi esposa, pero ella no era una mujer. ¿sabe?.
AG: ¿Por qué dice usted que ella no era una mujer? ¿Qué era ella?
GV: Ella era una bruja, una seguidora de Satán; era malvada y un peligro para la humanidad.
AG: ¿Así que usted la mató porque ella era una bruja? ¿Cómo sabía usted…
GV: Yo sólo cumplí con las ordenes de Dios, no la maté yo, fui elinstrumento que Dios uso.
AG: Ya veo, así que Dios le dijo a usted que ella era una bruja ¿fue así?
GV: Sí, yo empecé a sospecharlo poco después que nos casamos, ella me daba pócimas en lugar de comida y me ponía cosas en la bebida, no iba a la iglesia y tenía un amuleto de superstición, poco a poco todo fue encajando.
AG: ¿Y cuándo descubrió al fin que ella era una bruja?
GV: El día que la maté, por la noche fingí que había tomado la pócima que me daba por la noche, me fingí dormido, y justo a la media noche que me asomé a la cocina la miré en la oscuridad; sus ojos estaban enrojecidos, tenía un enorme libro negro, en el ambiente había un olor extraño y un caldero frente a ella. No necesitaba más pruebas; después de eso decidí que debía eliminarla yo mismo porque en los tiempos que corren las autoridades no harían nada contra ella y me juzgarían de loco, no me importa que me consideren loco, ¿sabe?, la eliminé y eso era lo que debía hacer.
AG: Los policías tienen una explicación para todas esas cosas que usted menciona, supongo que ya las habrá escuchado.
GV: ¡Son puras mentiras! ¡Pura porquería de los desgraciados! ¡Dios me pidió que lo hiciera!...
En ese momento los guardias lo retiraron, entre jaloneos y demás. Tomé mis cosas y me di la vuelta un poco asustado, no sabía si el tipo estaba loco o intentaba parecerlo para no ir a la cárcel, de cualquier modo, hará falta ver el seguimiento del caso y si más adelante el psicólogo puede darnos una entrevista que ayude a entender un caso en el cual, un hombre a modo de Inquisidor, mató a una mujer a la que acusa de bruja.

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